Tercera Serie Devocional: Alegría

Tercera Serie Devocional: Alegría

Bienvenido a los devocionales de la tercera serie. Confiamos que a través de estas lecturas, su vida sera bendecida y transformada            por la Palabra de Dios.

Martes, 26 de diciembre 2017

Misericordioso Dios de gozo, ayúdame a reconocer tu dominio sobre todas las cosas. Ayúdame a conocerte en la oscuridad de mi espera y en la luz de tu Hijo. Déjame adorarte por sobre todo lo demás. Amén.

Que sepan todos, de oriente a occidente, que fuera de mí no hay ningún otro. Yo soy el Señor, no hay otro.

Yo creo la luz y la oscuridad, produzco el bienestar y la desgracia. Yo, el Señor, hago todas estas cosas.

“Yo enviaré de lo alto mi victoria, como rocío del cielo y lluvia de las nubes, y la tierra la recibirá; como fruto producirá la salvación y a su lado florecerá la justicia.”

Isaías 45.6-8

¿Cómo pudo Dios crear tanto la luz como las tinieblas? El pueblo de  Israel puede haberse hecho una pregunta similar. Si bien la profecía es una buena noticia para el pueblo de Dios, los eventos a los que aluden pueden parecer contradictorios. Dios permitió que fueran derrotados para traer la victoria. Dios permitió que el pueblo fuera llevado al exilio para traerlos de regreso. Dios permitió el desastre para dar una bendición.

Durante Adviento, lidiamos con tensiones similares. Esperamos en la oscuridad anticipando la luz. Profesamos que Dios es “Señor de todos”, que “obra por todos y que está en todos” (Efesios 4.6); sin embargo, seguimos encontrando sufrimiento y maldad. ¿Cómo pueden coexistir estas dos cosas?

Sin embargo, al igual que con el pueblo de Dios antes que nosotros, el acto de reconocer el dominio de Dios sobre todas las cosas y dejar que Dios sea Dios nos conduce a nuestra libertad. Dios es el creador; nosotros somos creados. Los caminos de Dios están más allá de nuestros caminos. Podemos confiar en que Dios traerá justicia como prometió. Dios está presente en las horas oscuras de nuestra espera, y se nos da a conocer a la luz del Hijo. Dios es el Señor, no hay otro.

Esta noche, tomémonos un tiempo para reconocer el dominio de Dios sobre todos los aspectos de nuestra vida. Piensa en tu día. Deja que Dios vea todos tus pensamientos, comportamientos, palabras y emociones. ¿Hay algo difícil de poner delante de Dios? Pídele a Dios que te muestre gracia incluso allí. Deja que Dios te guíe hacia la libertad y te ayude a caminar en la justicia.

+ Oremos

Misericordioso Dios de gozo, ayúdame a reconocer tu dominio sobre todas las cosas. Ayúdame a conocerte en la oscuridad de mi espera y en la luz de tu Hijo. Déjame adorarte por sobre todo lo demás. Amén.

+ Leamos

Que sepan todos, de oriente a occidente, que fuera de mí no hay ningún otro. Yo soy el Señor, no hay otro.

Yo creo la luz y la oscuridad, produzco el bienestar y la desgracia. Yo, el Señor, hago todas estas cosas.

“Yo enviaré de lo alto mi victoria, como rocío del cielo y lluvia de las nubes, y la tierra la recibirá; como fruto producirá la salvación y a su lado florecerá la justicia.”

Isaías 45.6-8

+ Reflexionemos

¿Cómo pudo Dios crear tanto la luz como las tinieblas? El pueblo de  Israel puede haberse hecho una pregunta similar. Si bien la profecía es una buena noticia para el pueblo de Dios, los eventos a los que aluden pueden parecer contradictorios. Dios permitió que fueran derrotados para traer la victoria. Dios permitió que el pueblo fuera llevado al exilio para traerlos de regreso. Dios permitió el desastre para dar una bendición.

Durante Adviento, lidiamos con tensiones similares. Esperamos en la oscuridad anticipando la luz. Profesamos que Dios es “Señor de todos”, que “obra por todos y que está en todos” (Efesios 4.6); sin embargo, seguimos encontrando sufrimiento y maldad. ¿Cómo pueden coexistir estas dos cosas?

Sin embargo, al igual que con el pueblo de Dios antes que nosotros, el acto de reconocer el dominio de Dios sobre todas las cosas y dejar que Dios sea Dios nos conduce a nuestra libertad. Dios es el creador; nosotros somos creados. Los caminos de Dios están más allá de nuestros caminos. Podemos confiar en que Dios traerá justicia como prometió. Dios está presente en las horas oscuras de nuestra espera, y se nos da a conocer a la luz del Hijo. Dios es el Señor, no hay otro.

+ Respondamos

Esta noche, tomémonos un tiempo para reconocer el dominio de Dios sobre todos los aspectos de nuestra vida. Piensa en tu día. Deja que Dios vea todos tus pensamientos, comportamientos, palabras y emociones. ¿Hay algo difícil de poner delante de Dios? Pídele a Dios que te muestre gracia incluso allí. Deja que Dios te guíe hacia la libertad y te ayude a caminar en la justicia.

Miércoles, 27 de diciembre 2017

Misericordioso Dios de gozo, ayúdame a esperar activamente tu reino. Alimenta la esperanza, la paz, la alegría y el amor dentro de mí. Permite que este tiempo de paciencia perseverante me conduzca a tu nueva y eterna vida. Amén.

Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta que el Señor venga. El campesino que espera recoger la preciosa cosecha, tiene que aguardar con paciencia las temporadas de lluvia. Ustedes también tengan paciencia y manténganse firmes, porque muy pronto volverá el Señor.

Hermanos, no se quejen unos de otros, para que no sean juzgados; pues el Juez está ya a la puerta. Hermanos míos, tomen como ejemplo de sufrimiento y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Santiago 5.7-10

El granjero fielmente siembra semillas, las desparrama sobre el suelo o las planta y las asegura en la tierra. Entonces espera la lluvia y el sol. Espanta a los cuervos y se asegura que el suelo permanezca rico en nutrientes. Pasan días y, a veces, semanas antes que aparezcan se;ales que lo nuevo está por aparecer. Él observa pacientemente, haciendo su parte, manteniendo en alto su esperanza.

En Adviento, somos como el agricultor. Practicamos la espera activa. Esto no es sentarnos pasivamente, sino que hacemos  nuestras tareas diarias a medida que las pequeñas semillas del reino de Dios, plantadas en nuestro interior, crecen hasta su plenitud (Marcos 4.26-29). Mantenemos la esperanza, la paz, la alegría y  el amor, sabiendo que ¡Jesús vendrá pronto! Tomamos los ricos nutrientes que necesitamos para el crecimiento espiritual, descansando en la presencia de Dios, confiando en las promesas de Dios y celebramos las palabras de vida de Dios.

Tenemos que ser pacientes mientras esperamos que el reino de Dios se materialice en nuestras vidas. No podemos apresurarnos ni apurar el proceso. Debemos confiar que la obra de Dios está teniendo lugar en nosotros, incluso antes de que podamos verla. A medida que nutramos esta nueva vida, y soportemos nuestros sufrimientos, produciremos la preciosa cosecha del reino de Dios.

Alimentemos hoy el crecimiento espiritual a través de un banquete en las Escrituras. Leamos nuevamente este pasaje de Santiago. Hagamos una pausa. Leámoslo por segunda vez. ¿Qué palabra, frase o imagen se destaca para ti?

Simplemente observa y haz una pausa. Léelo por tercera vez. ¿Qué te está diciendo Dios a través de esta palabra, frase o imagen? ¿Dios te invita a actuar, a recibir un estímulo o a cambiar una creencia? Haz una pausa. Descansa en el amor de Dios.

+ Oremos

Misericordioso Dios de gozo, ayúdame a esperar activamente tu reino. Alimenta la esperanza, la paz, la alegría y el amor dentro de mí. Permite que este tiempo de paciencia perseverante me conduzca a tu nueva y eterna vida. Amén.

+ Leamos

Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta que el Señor venga. El campesino que espera recoger la preciosa cosecha, tiene que aguardar con paciencia las temporadas de lluvia. Ustedes también tengan paciencia y manténganse firmes, porque muy pronto volverá el Señor.

Hermanos, no se quejen unos de otros, para que no sean juzgados; pues el Juez está ya a la puerta. Hermanos míos, tomen como ejemplo de sufrimiento y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Santiago 5.7-10

+ Reflexionemos

El granjero fielmente siembra semillas, las desparrama sobre el suelo o las planta y las asegura en la tierra. Entonces espera la lluvia y el sol. Espanta a los cuervos y se asegura que el suelo permanezca rico en nutrientes. Pasan días y, a veces, semanas antes que aparezcan se;ales que lo nuevo está por aparecer. Él observa pacientemente, haciendo su parte, manteniendo en alto su esperanza.

En Adviento, somos como el agricultor. Practicamos la espera activa. Esto no es sentarnos pasivamente, sino que hacemos  nuestras tareas diarias a medida que las pequeñas semillas del reino de Dios, plantadas en nuestro interior, crecen hasta su plenitud (Marcos 4.26-29). Mantenemos la esperanza, la paz, la alegría y  el amor, sabiendo que ¡Jesús vendrá pronto! Tomamos los ricos nutrientes que necesitamos para el crecimiento espiritual, descansando en la presencia de Dios, confiando en las promesas de Dios y celebramos las palabras de vida de Dios.

Tenemos que ser pacientes mientras esperamos que el reino de Dios se materialice en nuestras vidas. No podemos apresurarnos ni apurar el proceso. Debemos confiar que la obra de Dios está teniendo lugar en nosotros, incluso antes de que podamos verla. A medida que nutramos esta nueva vida, y soportemos nuestros sufrimientos, produciremos la preciosa cosecha del reino de Dios.

+ Respondamos

Alimentemos hoy el crecimiento espiritual a través de un banquete en las Escrituras. Leamos nuevamente este pasaje de Santiago. Hagamos una pausa. Leámoslo por segunda vez. ¿Qué palabra, frase o imagen se destaca para ti?

Simplemente observa y haz una pausa. Léelo por tercera vez. ¿Qué te está diciendo Dios a través de esta palabra, frase o imagen? ¿Dios te invita a actuar, a recibir un estímulo o a cambiar una creencia? Haz una pausa. Descansa en el amor de Dios.

Jueves, 28 de diciembre 2017

Misericordioso Dios gozo, gracias por invitarme a tu vida abundante. Déjame rebosar de gozo incluso ahora mismo. Te alabo por las grandes cosas que has hecho al enviar a tu Hijo. Amén.

Por aquellos días, María se fue de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se le estremeció en el vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo.

Entonces, con voz muy fuerte, dijo: —¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se estremeció de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!

María dijo: “Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.”

Lucas 1.39-47

Si bien Adviento es un tiempo de espera y paciencia, también es un momento de gran alegría. Después que María recibió la noticia de que daría a luz al Mesías, visitó a su pariente Elisabet. A pesar de la avanzada edad de Elisabet, ella también estaba embarazada. Ella esperaba a Juan el Bautista, el profeta que anunciaría la llegada de Jesús. Tan pronto como Elisabet vio a María, Juan saltó de alegría y Elisabet fue llena del Espíritu Santo.

¡Qué milagros estaban ocurriendo! ¡Qué movimientos del Espíritu de Dios! ¡Qué regalos inesperados! Esta inmensa alegría se desbordó en el canto de María: “Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.”

Adviento nos recuerda que tenemos motivos para celebrar. A través de Jesús, somos invitados a una vida abundante. Nuestra alegría se desborda. No tenemos que esperar el regreso de Cristo; podemos experimentar esa alegría de Dios incluso ahora mismo.

Practiquemos recibir la alegría de Dios. A lo largo de tu día, presta atención a lo que te hace esta agradecido. Cada vez, recibe lo que observas como un regalo. Ofrece a Dios gratitud y alabanza. Deléitate en eso. Deja que tu alegría se desborde

+ Oremos

Misericordioso Dios gozo, gracias por invitarme a tu vida abundante. Déjame rebosar de gozo incluso ahora mismo. Te alabo por las grandes cosas que has hecho al enviar a tu Hijo. Amén.

+ Leamos

Por aquellos días, María se fue de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se le estremeció en el vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo.

Entonces, con voz muy fuerte, dijo: —¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se estremeció de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!

María dijo: “Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.”

Lucas 1.39-47

+ Reflexionemos

Si bien Adviento es un tiempo de espera y paciencia, también es un momento de gran alegría. Después que María recibió la noticia de que daría a luz al Mesías, visitó a su pariente Elisabet. A pesar de la avanzada edad de Elisabet, ella también estaba embarazada. Ella esperaba a Juan el Bautista, el profeta que anunciaría la llegada de Jesús. Tan pronto como Elisabet vio a María, Juan saltó de alegría y Elisabet fue llena del Espíritu Santo.

¡Qué milagros estaban ocurriendo! ¡Qué movimientos del Espíritu de Dios! ¡Qué regalos inesperados! Esta inmensa alegría se desbordó en el canto de María: “Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.”

Adviento nos recuerda que tenemos motivos para celebrar. A través de Jesús, somos invitados a una vida abundante. Nuestra alegría se desborda. No tenemos que esperar el regreso de Cristo; podemos experimentar esa alegría de Dios incluso ahora mismo.

+ Respondamos

Practiquemos recibir la alegría de Dios. A lo largo de tu día, presta atención a lo que te hace esta agradecido. Cada vez, recibe lo que observas como un regalo. Ofrece a Dios gratitud y alabanza. Deléitate en eso. Deja que tu alegría se desborde

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