Cuarta Serie Devocional: Amor

Cuarta Serie Devocional: Amor

Bienvenido a los devocionales de la cuarta serie. Confiamos que a través de estas lecturas, su vida sera bendecida y transformada            por la Palabra de Dios.

Viernes, 29 de diciembre 2017

Misericordioso Dios de amor, gracias por tu Hijo Jesús, Emanuel – “Dios con nosotros”. Ayúdame a reconocer tu presencia en cada situación. Dame valor para seguirte fielmente. Amén.

El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo. María tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados.”

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta:

“La virgen quedará encinta

y tendrá un hijo,

al que pondrán por nombre Emanuel”

(que significa: “Dios con nosotros”).

Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y tomó a María por esposa.

Mateo 1.18-24

No siempre podemos planificar los grandes cambios de nuestras vidas. A veces ellos nos golpean con fuerza. Pueden dejarnos desorientados, temerosos, presionados a tomar decisiones importantes.

José enfrentó un cambio de vida sin precedentes; María resultó embarazada durante su compromiso. En su cultura, esto era profundamente vergonzoso y motivo para poner fin a su propuesta de matrimonio. Como un hombre que siempre hacía lo correcto, José decidió romper su compromiso en secreto. María sufriría las consecuencias de su indiscreción, criaría a su hijo sin un padre y sería rechazada por su comunidad.

Sin embargo, Dios intervino.

Un ángel se le apareció a José diciendo: “No tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo.” María no estaría sola. Ella no sería desechada o olvidada. Ella tendría un esposo y daría a luz a aquel que los profetas llamaron Emanuel, que significa “Dios está con nosotros”. José escuchó y obedeció. Cuando se despertó, se casó con María, tal como el ángel se lo había dicho.

Nos es fácil sentirnos solos y abandonados durante cambios inesperados. Pero podemos seguir el ejemplo de la obediencia de José sabiendo que Dios está presente. Dios se hizo carne, murió y resucitó, y envió al Espíritu para guiarnos y capacitarnos. Mientras descansamos en esta seguridad, Dios nos dará el valor y la capacidad para seguir fielmente los senderos que nos propone, aun cuando el camino no parezca claro.

¿Qué cambios o transiciones estás enfrentando actualmente? Esto podría estar relacionado con el trabajo, la familia o una etapa de la vida. Tómate el tiempo para discernir la presencia de Dios en estos cambios.

¿Qué ha sido vivificante? ¿Qué ha sido desafiante? ¿Cuándo te has sentido cerca de Dios? ¿Cuándo te has sentido distante? Pídale a Dios que te revele su presencia y esté cerca en este momento.

+ Oremos

Misericordioso Dios de amor, gracias por tu Hijo Jesús, Emanuel – “Dios con nosotros”. Ayúdame a reconocer tu presencia en cada situación. Dame valor para seguirte fielmente. Amén.

+ Leamos

El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo. José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo. María tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados.”

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta:

“La virgen quedará encinta

y tendrá un hijo,

al que pondrán por nombre Emanuel”

(que significa: “Dios con nosotros”).

Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y tomó a María por esposa.

Mateo 1.18-24

+ Reflexionemos

No siempre podemos planificar los grandes cambios de nuestras vidas. A veces ellos nos golpean con fuerza. Pueden dejarnos desorientados, temerosos, presionados a tomar decisiones importantes.

José enfrentó un cambio de vida sin precedentes; María resultó embarazada durante su compromiso. En su cultura, esto era profundamente vergonzoso y motivo para poner fin a su propuesta de matrimonio. Como un hombre que siempre hacía lo correcto, José decidió romper su compromiso en secreto. María sufriría las consecuencias de su indiscreción, criaría a su hijo sin un padre y sería rechazada por su comunidad.

Sin embargo, Dios intervino.

Un ángel se le apareció a José diciendo: “No tengas miedo de tomar a María por esposa, porque su hijo lo ha concebido por el poder del Espíritu Santo.” María no estaría sola. Ella no sería desechada o olvidada. Ella tendría un esposo y daría a luz a aquel que los profetas llamaron Emanuel, que significa “Dios está con nosotros”. José escuchó y obedeció. Cuando se despertó, se casó con María, tal como el ángel se lo había dicho.

Nos es fácil sentirnos solos y abandonados durante cambios inesperados. Pero podemos seguir el ejemplo de la obediencia de José sabiendo que Dios está presente. Dios se hizo carne, murió y resucitó, y envió al Espíritu para guiarnos y capacitarnos. Mientras descansamos en esta seguridad, Dios nos dará el valor y la capacidad para seguir fielmente los senderos que nos propone, aun cuando el camino no parezca claro.

+ Respondamos

¿Qué cambios o transiciones estás enfrentando actualmente? Esto podría estar relacionado con el trabajo, la familia o una etapa de la vida. Tómate el tiempo para discernir la presencia de Dios en estos cambios.

¿Qué ha sido vivificante? ¿Qué ha sido desafiante? ¿Cuándo te has sentido cerca de Dios? ¿Cuándo te has sentido distante? Pídale a Dios que te revele su presencia y esté cerca en este momento.

Sábado, 30 de diciembre 2017

Misericordioso Dios de amor, gracias por traer vida donde no la hay. Llena mi vacío con tu presencia. Deja que mi vergüenza se convierta en una fuente de tu bendición. Amén.

En Sorá, de la tribu de Dan, había un hombre que se llamaba Manoa. Su mujer nunca había tenido hijos, porque era estéril. Pero el ángel del Señor se le apareció a ella y le dijo: “Tú nunca has podido tener hijos, pero ahora vas a quedar embarazada y tendrás un niño. Pero no tomes vino ni ninguna otra bebida fuerte, ni comas nada impuro, pues vas a tener un hijo al que no se le deberá cortar el cabello, porque ese niño estará consagrado a Dios como nazareo desde antes de nacer, para que sea él quien comience a librar a los israelitas del poder de los filisteos.”

Jueces 13.2-5

En el tiempo en que Herodes era rey del país de los judíos, vivía un sacerdote llamado Zacarías, perteneciente al turno de Abías. Su esposa, llamada Isabel, descendía de Aarón. Los dos eran justos delante de Dios y obedecían los mandatos y leyes del Señor de manera intachable. 7Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; además, los dos eran ya muy ancianos.

Un día en que al grupo sacerdotal de Zacarías le tocó el turno de oficiar delante de Dios, según era costumbre entre los sacerdotes, le tocó en suerte a Zacarías entrar en el santuario del templo del Señor para quemar incienso. Mientras se quemaba el incienso, todo el pueblo estaba orando afuera. En esto se le apareció a Zacarías un ángel del Señor, de pie al lado derecho del altar del incienso. Al ver al ángel, Zacarías se quedó sorprendido y lleno de miedo. Pero el ángel le dijo: —Zacarías, no tengas miedo, porque Dios ha oído tu oración, y tu esposa Isabel te va a dar un hijo, al que pondrás por nombre Juan.

Lucas 1.5-13

Durante Adviento reflexionamos sobre cómo Dios brinda vida cuando no la hay. ¿Qué mejor ejemplo de esto que traer vida a un vientre vacío – llenado aquello que está vacío, haciendo un nuevo camino donde parece imposible?

A lo largo de la historia de Israel, tener hijos era un signo de la bendición de Dios. Era una forma en que el pueblo de Dios practicaba la obediencia y llevaba a cabo el pacto de Dios con Abraham (Génesis 1.28; 12.1-3). Tener hijos no era simplemente una decisión personal; afectaba a toda la comunidad. Esto multiplicó a Israel como un grupo de personas y extendió su testimonio a las naciones circundantes.

El que una mujer no pudiera concebir, era algo dolorosamente vergonzoso. ¿Por qué Dios no la bendijo? ¿Por qué no podría cumplir su deber como mujer? ¿Ella era defectuosa? ¿Había algo pecaminoso? Ella era marginada en su comunidad, siempre a la sombra de sus contrapartes fructíferas.

Sin embargo, Dios a menudo elige a los candidatos menos probables para llevar a cabo las promesas del reino. Vemos esto en las historias de la esposa de Manoa y la prima de María, Elisabet. Ambas mujeres no podían tener hijos, pero fueron elegidas por Dios para concebir. Sus embarazos tuvieron profundas implicaciones para la historia de Israel, produciendo bendiciones que fueron mucho más allá de sus propias vidas. La esposa de Manoah dio a luz a Sansón, quien comenzó la tarea de rescatar a Israel de sus enemigos, los filisteos. Elizabeth dio a luz a Juan el Bautista, ¡quien preparó el camino para Jesús!

También esperamos que Cristo venga y nos traiga vida donde no la hay, para llenar lo que está vacío. Anhelamos que el Mesías transforme nuestra vergüenza en la fuente de nuestra mayor bendición.

En tu vida, ¿cuál es una fuente de vergüenza? Esto puede ser falta de trabajo, soltería, esterilidad o una discapacidad física. Sea lo que sea, tráelo ante Dios en oración. Pídele a Dios que convierta esta causa de vergüenza en una fuente de bendición para ti y para los demás. Pídele a Dios que te encuentre íntimamente en este lugar de necesidad y permítele que engendre compasión por otros que están sufriendo.

+ Oremos

Misericordioso Dios de amor, gracias por traer vida donde no la hay. Llena mi vacío con tu presencia. Deja que mi vergüenza se convierta en una fuente de tu bendición. Amén.

+ Leamos

En Sorá, de la tribu de Dan, había un hombre que se llamaba Manoa. Su mujer nunca había tenido hijos, porque era estéril. Pero el ángel del Señor se le apareció a ella y le dijo: “Tú nunca has podido tener hijos, pero ahora vas a quedar embarazada y tendrás un niño. Pero no tomes vino ni ninguna otra bebida fuerte, ni comas nada impuro, pues vas a tener un hijo al que no se le deberá cortar el cabello, porque ese niño estará consagrado a Dios como nazareo desde antes de nacer, para que sea él quien comience a librar a los israelitas del poder de los filisteos.”

Jueces 13.2-5

En el tiempo en que Herodes era rey del país de los judíos, vivía un sacerdote llamado Zacarías, perteneciente al turno de Abías. Su esposa, llamada Isabel, descendía de Aarón. Los dos eran justos delante de Dios y obedecían los mandatos y leyes del Señor de manera intachable. 7Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; además, los dos eran ya muy ancianos.

Un día en que al grupo sacerdotal de Zacarías le tocó el turno de oficiar delante de Dios, según era costumbre entre los sacerdotes, le tocó en suerte a Zacarías entrar en el santuario del templo del Señor para quemar incienso. Mientras se quemaba el incienso, todo el pueblo estaba orando afuera. En esto se le apareció a Zacarías un ángel del Señor, de pie al lado derecho del altar del incienso. Al ver al ángel, Zacarías se quedó sorprendido y lleno de miedo. Pero el ángel le dijo: —Zacarías, no tengas miedo, porque Dios ha oído tu oración, y tu esposa Isabel te va a dar un hijo, al que pondrás por nombre Juan.

Lucas 1.5-13

+ Reflexionemos

Durante Adviento reflexionamos sobre cómo Dios brinda vida cuando no la hay. ¿Qué mejor ejemplo de esto que traer vida a un vientre vacío – llenado aquello que está vacío, haciendo un nuevo camino donde parece imposible?

A lo largo de la historia de Israel, tener hijos era un signo de la bendición de Dios. Era una forma en que el pueblo de Dios practicaba la obediencia y llevaba a cabo el pacto de Dios con Abraham (Génesis 1.28; 12.1-3). Tener hijos no era simplemente una decisión personal; afectaba a toda la comunidad. Esto multiplicó a Israel como un grupo de personas y extendió su testimonio a las naciones circundantes.

El que una mujer no pudiera concebir, era algo dolorosamente vergonzoso. ¿Por qué Dios no la bendijo? ¿Por qué no podría cumplir su deber como mujer? ¿Ella era defectuosa? ¿Había algo pecaminoso? Ella era marginada en su comunidad, siempre a la sombra de sus contrapartes fructíferas.

Sin embargo, Dios a menudo elige a los candidatos menos probables para llevar a cabo las promesas del reino. Vemos esto en las historias de la esposa de Manoa y la prima de María, Elisabet. Ambas mujeres no podían tener hijos, pero fueron elegidas por Dios para concebir. Sus embarazos tuvieron profundas implicaciones para la historia de Israel, produciendo bendiciones que fueron mucho más allá de sus propias vidas. La esposa de Manoah dio a luz a Sansón, quien comenzó la tarea de rescatar a Israel de sus enemigos, los filisteos. Elizabeth dio a luz a Juan el Bautista, ¡quien preparó el camino para Jesús!

También esperamos que Cristo venga y nos traiga vida donde no la hay, para llenar lo que está vacío. Anhelamos que el Mesías transforme nuestra vergüenza en la fuente de nuestra mayor bendición.

+ Respondamos

En tu vida, ¿cuál es una fuente de vergüenza? Esto puede ser falta de trabajo, soltería, esterilidad o una discapacidad física. Sea lo que sea, tráelo ante Dios en oración. Pídele a Dios que convierta esta causa de vergüenza en una fuente de bendición para ti y para los demás. Pídele a Dios que te encuentre íntimamente en este lugar de necesidad y permítele que engendre compasión por otros que están sufriendo.

Domingo, 31 de diciembre 2017

Misericordioso Dios de amor, tu Espíritu se movió de manera poderosa antes del nacimiento de Jesús y continúa moviéndose hoy. Déjame conocer tu presencia incluso ahora. Amén.

Al cumplirse el tiempo en que Isabel debía dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes fueron a felicitarla cuando supieron que el Señor había sido tan bueno con ella. A los ocho días, llevaron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero su madre dijo: —No. Tiene que llamarse Juan.

Le contestaron: —No hay nadie en tu familia con ese nombre.

Entonces preguntaron por señas al padre del niño, para saber qué nombre quería ponerle. El padre pidió una tabla para escribir, y escribió: ‘Su nombre es Juan.’ Y todos se quedaron admirados. En aquel mismo momento Zacarías volvió a hablar, y comenzó a alabar a Dios. Todos los vecinos estaban asombrados, y en toda la región montañosa de Judea se contaba lo sucedido. Todos los que lo oían se preguntaban a sí mismos: “¿Qué llegará a ser este niño?” Porque ciertamente el Señor mostraba su poder en favor de él.

Lucas 1.57-66

En los días previos al nacimiento de Jesús, el Espíritu de Dios ya se está moviendo.

Como el ángel profetizó a María, Elisabet da a luz un hijo. Su esposo, Zacarías, a quien Dios enmudeció durante el transcurso del embarazo, declara que el nombre del niño será Juan. ¡Este no es un nombre de la familia! No sigue las costumbres o líneas ancestrales de Israel. Pero Zacarías está siendo obediente a las instrucciones de Dios. Y en ese momento, comienza a adorar audiblemente a Dios. Las noticias se extienden por todo el país, hasta las montañas. Está claro que el poder de Dios está sobre este nuevo bebé.

Comenzamos a ver el poder de Dios emergiendo, pavimentando el camino para el Mesías. Las promesas predichas se están haciendo realidad. Las profecías y las alabanzas están apareciendo. Y la mayor revelación del poder de Dios se acerca.

El Espíritu de Dios continúa moviéndose de maneras poderosas. Este es el mismo Espíritu que estuvo presente en la creación, que fue uno con Jesús, y que está disponible para nosotros hoy. A medida que miremos la llegada de Jesús y el regreso de Cristo, mantengamos el conocimiento de que el Espíritu de Dios ya está presente con nosotros.

¿Alguna vez has sido obediente a Dios incluso cuando iba en contra de las expectativas de los demás? ¿Cuál fue la situación? ¿Cómo se sintió elegir la obediencia? ¿Cuáles fueron los resultados? Tómate el tiempo para escribir sobre esto en tu diario o coméntarle con un amigo.

+ Oremos

Misericordioso Dios de amor, tu Espíritu se movió de manera poderosa antes del nacimiento de Jesús y continúa moviéndose hoy. Déjame conocer tu presencia incluso ahora. Amén.

+ Leamos

Al cumplirse el tiempo en que Isabel debía dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes fueron a felicitarla cuando supieron que el Señor había sido tan bueno con ella. A los ocho días, llevaron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero su madre dijo: —No. Tiene que llamarse Juan.

Le contestaron: —No hay nadie en tu familia con ese nombre.

Entonces preguntaron por señas al padre del niño, para saber qué nombre quería ponerle. El padre pidió una tabla para escribir, y escribió: ‘Su nombre es Juan.’ Y todos se quedaron admirados. En aquel mismo momento Zacarías volvió a hablar, y comenzó a alabar a Dios. Todos los vecinos estaban asombrados, y en toda la región montañosa de Judea se contaba lo sucedido. Todos los que lo oían se preguntaban a sí mismos: “¿Qué llegará a ser este niño?” Porque ciertamente el Señor mostraba su poder en favor de él.

Lucas 1.57-66

+ Reflexionemos

En los días previos al nacimiento de Jesús, el Espíritu de Dios ya se está moviendo.

Como el ángel profetizó a María, Elisabet da a luz un hijo. Su esposo, Zacarías, a quien Dios enmudeció durante el transcurso del embarazo, declara que el nombre del niño será Juan. ¡Este no es un nombre de la familia! No sigue las costumbres o líneas ancestrales de Israel. Pero Zacarías está siendo obediente a las instrucciones de Dios. Y en ese momento, comienza a adorar audiblemente a Dios. Las noticias se extienden por todo el país, hasta las montañas. Está claro que el poder de Dios está sobre este nuevo bebé.

Comenzamos a ver el poder de Dios emergiendo, pavimentando el camino para el Mesías. Las promesas predichas se están haciendo realidad. Las profecías y las alabanzas están apareciendo. Y la mayor revelación del poder de Dios se acerca.

El Espíritu de Dios continúa moviéndose de maneras poderosas. Este es el mismo Espíritu que estuvo presente en la creación, que fue uno con Jesús, y que está disponible para nosotros hoy. A medida que miremos la llegada de Jesús y el regreso de Cristo, mantengamos el conocimiento de que el Espíritu de Dios ya está presente con nosotros.

+ Respondamos

¿Alguna vez has sido obediente a Dios incluso cuando iba en contra de las expectativas de los demás? ¿Cuál fue la situación? ¿Cómo se sintió elegir la obediencia? ¿Cuáles fueron los resultados? Tómate el tiempo para escribir sobre esto en tu diario o coméntarle con un amigo.

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