Sexta Palabra

Sexta Palabra

“¡Consumado es! “   “¡Todo está cumplido!”

Jesús bebió del vino agrio y dijo: Todo está cumplido. (San Juan 19:30)

Los acontecimientos que completan el cuadro del sufrimiento y de la muerte de Jesús se llevaron a cabo por la incomprensión  humana. En los días de hoy, la razón humana cuestionan la realidad de las palabras del texto bíblico: “Jesús dijo todo está cumplido. Luego inclinó su cabeza y murió”. ¡Consumado es! Esto significó para el “padre de la mentira”, sus ángeles  y seguidores creer que tenían  la victoria sobre el Hijo de Dios. Para los propios discípulos, la muerte de Jesús representó momentáneamente derrota, fracaso y decepción. Ellos tampoco habían comprendido que las palabras de Jesús: “¡Consumado es!” era un anuncio y proclamación  de la victoria  total  y definitiva de  Dios sobre Satanás, de la vida sobre la muerte y del cielo sobre el infierno.

La salvación estaba completa. El Salvador podía morir en paz pues la misión que le había sido encomendada por su Padre,  fue cumplida en su totalidad.

¡Consumado es!. Consumada estaba su obra redentora que libertó a  toda la Creación, que gemía y perecía bajo los relámpagos de la Ley que afirma que: “el salario del pecado es la muerte” (Romanos 6:23). Más Jesús no cometió ningún pecado. “Cristo no  cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo trató como el pecado mismo, para así, por medio de Cristo, liberarnos de culpa. (2 Corintios 5:21)

¡Consumado es! Significa que Cristo hizo todo por nosotros, por pura gracia y misericordia. La humanidad entera estaba rescatada de la condenación del infierno. Consumada está su salvación.

En el momento de la muerte de Cristo, el velo del templo de Jerusalén se rasgó en dos partes, vino tal oscuridad sobre la tierra a plena luz del día, la tierra se estremeció desde sus profundidades y hubo un gran terremoto, hizo que las rocas se despedazaran y se abrieron muchas tumbas y muchos resucitaron de entre los muertos. Todo eso sucedió según el testimonio de los Evangelios, para anunciar que una nueva era, un nuevo orden comenzó para la humanidad: Cristo pagó con su muerte en la cruz, el rescate de toda nuestra deuda con Dios.

Confiemos  también en esta promesa del Salvador: “tus pecados te son perdonados; tu fe te salvó, vete en paz”  (San Lucas 7: 48,50)

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